Leía hoy un reportaje muy bueno sobre la Copa de África en el que se hacía referencia a un tal Mingo, un chico angoleño que soñaba con emular a los Kanouté, Eto'o o Drogbá. La diferencia entre Mingo y estos ya lo hacía un auténtico 'crack'. El chaval tenía que recorrer la friolera de veinte kilómetros para poder traer agua a su barrio de Akala, así como, el resto de jóvenes que se dan cita en los descampados de barro que han preparado para jugar al fútbol. Linda historia la de este chaval, que si algún día llega a algún club europeo tendrá el premio a todos los sufrimientos del día a día. Otros, injusticias de la vida, tendrán que enfrentarse a la dura realidad del día a día sumidos en la pobreza pero con una sonrisa en la cara y con algo, que en esta vida, menos mal, es gratis: Soñar.