Yo pude decir que le vi jugar. Y doy gracias por ello. Djalma Feitoza Días, "Djalminha": sólo con oir su nombre se me ponen los pelos de punta. Trataré de explicar el porqué a quien no haya tenido el gusto. Inocente por su magia, culpable por su falta de profesionalidad. Así era el 8 del Deportivo. Capaz de lo mejor, se arrastraba por los campos en partidos de poca monta; ejemplo de lo peor, levantaba a una ciudad de provincias cuando las grandes capitales dignaban visitarla. Celta, Barcelona y Madrid: sus víctimas favoritas. Visitas que marcaba con rojo pasión en el calendario y para las que reservaba durante todo el año. ¿Y merecía la pena? Como enamorado del fútbol asiento con la cabeza; como hombre racional, miro para otro lado. Y en esa dirección veo la colleja a Mostovoi, la lambreta contra el Madrid o el festejo del gol ante el Zaragoza el año en el que A Coruña vivió su primera Liga. Qué decir del cabezazo a Jabo. "Demasiado genio", como rezaría la portada de un periódico que no ha vuelto a tener una primera página digna de ser el diario más leído en España.

Y más allá de lo meramente futbolístico, quisiera resaltar dos historias que hacen de Djalminha un hombre ilustre en el noroeste del país. Cronológicamente a la inversa, comenzaré con la que aconteció el 6 de marzo de 2002 (cumpleaños del "mejor club del mundo"). En los prolegómenos del partido, Djalminha va a hablar con su amigo Flavio Conceicao para quedar a la conclusión. Éste, paradigma de su presidente, rechaza el ofecimiento argumentando que se irían de fiesta. Tal prepotencia toca el orgullo de nuestro personaje, quien busca a uno de los capitanes y le dice: "Mauro, acabo de hablar con Flavio y me ha dicho que no podemos quedar después porque se van de celebración". Éste sonríe, a lo que Djalma contesta: "Toda Coruña está ahí fuera. No podemos fallarles". El resultado: Mauro es el mejor del partido y A Coruña canta con retranca gallega el cumpleaños feliz.

La otra historia tiene, curiosamente, a los dos mismos protagonistas. Temporada 1999-00: El Real Madrid llega a Riazor con todas sus estrellas y en un gran momento. Antes del partido, Mauro se acerca a Djalminha y le dice que tiene que hacer algo especial -lo que sea- para que los de blanco se den cuenta de que van a perder el partido. Y agrega: "Tienes que hacerlo al principio de todo". A los siete minutos de juego, el astro brasileño controla el balón. El tiempo se para... ¿qué va a hacer? Ante la mirada atónita de la defensa madridista, Djalminha eleva el balón sobre su cabeza y supera por alto a los defensores. El balón acaba en córner y éste, en gol. Raúl se acerca al crack y le dice: "¿Pero tú para qué haces esas tonterías?". La respuesta de Djalma: "Porque yo soy futbolista. Tú metes goles, pero yo soy futbolista". Después caerían otros cuatro más.

Diego Martínez Montero