Así está el Betis, desarmado, sin camino, sin caminar, sin recursos, sin identidad, sin rumbo y con sus hombres al borde del ataque. Un barco a la deriva que no encuentra su rumbo y que no da signos de querer encontrarlo. Los números del Betis en segunda, sí en segunda, son desastrosos. Del mensaje volveremos cuanto antes a primera se ha pasado a sacaremos hacia adelante la situación. Una situación que nadie sabe ahora mismo cual es: ¿Subir a primera? ¿mantenerse en segunda? ¿cambiar la plantilla? El Betis se encuentra perdido y lo que es peor la afición se siente engañada y sin saber muy bien qué hacer. Lo último, una movilización para el partido del domingo ante Las Palmas. Hay que hacer algo, eso está claro, pero después de ver que tras la gran manifestación bética del pasado verano todo siguió igual la duda hace estragos. Señores, señoras el problema parece claro, la solución confusa. Los nuevos llegan y se pierden, los que están se encuentran más perdidos, muchos hombres al borde de un ataque de nervios y los cimientos han desaparecido.
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