PEDJA NO DEBE SEGUIR 'INSCRITO'
Quedan horas, instantes, días o momentos (escasos) para que enseñen la puerta de atrás a Pedja Mijatovic. Enturbiador de ese gol que valiera una copa de Europa contra la Juventus. Él solito se ha encargado de manchar una imagen que era impoluta, genial, blanca, querida por Cha Martín. Que le preguntan a Huntelaar si le ha gustado quedarse fuera de la Champions. Muy contento no ha de estar, ya está levantando las campanas al vuelo. Ya está diciendo que quiere irse.
Sin embargo Mijatovic no habla, divaga como un fantasma por las oficinas merengues. Sabe que su gestión tiene los días contados. Ya dimitió su mayor exponente cuando tenía el agua al cuello. La misma agua que lo tiene contra las cuerdas, que lo ahoga, que lo oprime, que lo llevarán tarde o temprano al fondo del mar donde ya no le quedarán embarcaciones a donde agarrarse.
La vida sigue en el planeta merengue. La era Boluda, que promete ser corta pero prestada a comentarios, acaba de comenzar. Mijatovic no tiene sitio. La prensa y la afición no le perdonan el estrepitoso fallo cometido en el fichaje de dos jugadores que no podían ser inscritos en Champions. No le perdonan un desembolso absurdo después de una planificación aún peor.
Del gol que le encumbrara en la Champions a los fallos de directivo de 'pacotilla'. De su foto vestido de blanco enmarcada en el Bernabéu a una corbata que le ha sentado como un potaje a las ocho de la mañana.
