LA CRUCIFIXIÓN
Ni más ni menos. Ayer Munich vivió la crucifixión. Ser Dios y que nadie lo reconozca. Nadie de los que mandan. Y es que la FIFA hizo ayer las labores de Herodes. Se lavó las manos y optó por la decisión más leve, más fácil, menos comprometedora. El Fifa World Player o lo que es lo mismo el trofeo al mejor jugador del mundo fue para un 'engominado' Cristiano Ronaldo.
El pueblo como siempre fue astuto, justo, testigo de los testimonial. Y en el cibervoto dio el trono a Messi. Un trono virtual. Como la propia FIFA que cada vez demuestra menos evidencia de ser real. Y es que ayer el organismo internacional no quiso comerse la pastilla azul, la de Matrix, la que te lleva a la cruda realidad. Y esta es la de un Messi que no tiene parangón en la actualidad. Que desborda, que está a años luz de cualquiera que se dedique al fútbol, que es humilde como el que más y que pone en pie a la afición contraria para que grite su nombre. "Messi, Messi, Messi...", es el cantico de moda. Y es que se mete al público en el bolsillo. A lo Russell Crowe en Gladiator.
La vida es injusta y ayer lo volvió a ser una vez más. La FIFA y los seleccionadores se decidieron por CR7. El público, gran sabio, subió a D10S al cielo. Dedo arriba para el 'MessiAs'.
